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MOVIMIENTO JUVENIL,
porque quiere indicar
vitalidad, dinamismo, marcha unida hacia una meta: amar a Jesucristo.
Está integrado por muchachas y muchachos de 15 a 23 años, más o menos, a los que
se les ofrece ocasión de agruparse para, juntos, buscar, conocer, amar y servir
a Dios.
DISCÍPULO. Se desea, ante todo,
valorar la obra de la Redención a nivel personal, y también comprender lo
indispensable que es la oración en nuestra vida. Jesucristo, Hijo de Dios, por
voluntad del Padre, cooperando el Espíritu Santo, nos reveló el Amor de la
Trinidad, al hacerse hombre. Nos dio a conocer su Palabra y su Misericordia, nos
redimió con su Muerte, y nos dio vida eterna con su Resurrección. De este
conocimiento, brota el deseo de ser
de Cristo.
ORANTE. Para ser
verdadero discípulo, hay que acudir a la oración. Luego el discípulo ha de ser
orante.
MARIANO. En la Encarnación del Hijo de Dios, una Mujer intervino como
Madre, que lo es nuestra y de la Iglesia: María. Necesitamos de Ella para que,
como intercesora y maestra, nos enseñe a conocerle e imitar a Jesús. Por eso, el
discípulo orante tiene que ser también, fervoroso hijo de Santa María.
APOSTÓLICO.
Simultáneamente, surge en él un afán de apostolado, porque desea comunicar a
otros esa riqueza que él va descubriendo.
REDENCIÓN.
Profundiza en esos misterios y en la obra misericordiosa y universal de la
Redención que quiere anunciar y difundir.
De ahí el nombre del
Movimiento: Discípulos Orantes Y Mariano-Apostólicos
de la Redención. (DOYMAR).
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